

Sí, están muy lejos. De hecho, hay orfanatos a los que llegas después de horas de avión y más horas de viaje por carreteras en muy mal estado. A pesar de eso, sentimos algo especial por esos pequeños. Por lo menos yo (Alfredo). Eso no significa que no me interesen los niños pobres en Sudamérica o en África. Sé que hay cientos de ONG que velan por ellos y realizan un trabajo estupendo. En Rusia y en Ucrania también existen muchas ONG que trabajan con niños de la calle y huérfanos, pero no son muy conocidas, especialmente en España. Tenemos a unas cuantas asociaciones (muy buenas) y sentía que había espacio para una más: la nuestra.
Trabajamos con niños en Rusia y en Ucrania porque lo merecen. Porque hemos escuchado su grito de auxilio. ¿Quién va a alejarse de ellos después de conocer sus historias llenas de sufrimiento y la forma en que viven? ¿Quién va a olvidarse de ellos? Nosotros no, por supuesto.
Estos niños eran la pieza que nos faltaba para movernos y decidir crear un mundo mejor. Y ya que estamos, he de decir que estoy enamorado de este trabajo.