

A principios de 2003 encontré (Alfredo) un reportaje fotográfico sobre los niños de la calle en Rusia. Las imágenes me impactaron sobretodo por la edad de los pequeños. Me pareció impresionante que hubiera niños en ese estado en un país del que normalmente se piensa que es rico. Poco a poco fui investigando y me hallé frente a una realidad triste e indignante. Al principio sentí mucha tristeza por todo lo que sucedía. Me gustan mucho los niños y siento mucha empatía por ellos, y en ocasiones llegaba a llorar mientras leía informes de UNICEF y de Amnistía Internacional. Pronto esa sensación de impotencia dio paso a la indignación y al sentimiento de responsabilidad sobre el futuro de estos niños.
En 2006, después de ver el documental “Los niños de la estación de Leningradsky” entendí que una de las mejores formas de ayudar era prestando mi esfuerzo a la labor de los orfanatos, un lugar común al problema de los niños de la calle en la antigua Unión Soviética. Al principio sólo quería apadrinar a un niño, pero fue difícil encontrar una ONG en España que se dedicara a este tipo de actividad en Rusia. Así que me puse a buscar organizaciones en el extranjero. Pronto encontré a la Fundación iOrphan y, después de mucha correspondencia entre Jonathan Soverns (Vicepresidente de la fundación) y yo, decidí apadrinar con ellos. Es una de las ONG más fiables que he conocido. Su política de transparencia y de dar el 100% de las donaciones a los niños es excelente.
Mi apadrinado se llama Vladimir y vive en la Comuna Familiar Hope, uno de los orfanatos con los que colaboramos.
Pronto me di cuenta de que quería colaborar más y, tras meses de reflexión, decidí prepararme para crear mi propia ONG. Ésta colaboraría activamente con iOrphan.org para recaudar fondos necesarios para los proyectos que ellos gestionaban. Mantendría los admirables principios de la fundación. No lo habría podido hacer sin el apoyo de mis amigos: Inma y Owaldo.